Ser feliz en Cuba es un estilo de vida. Significa renunciar a muchas cosas pero ninguna comparable a la renuncia de la verdadera solidaridad.
Siempre será posible encerrarse como una tortuga o un caracol o un ser humano egoísta e irresponsable. Se puede ser feliz si te enamoras, si tienes una casita linda, algún dinerillo, un paraíso perdido en la maleza. Posesiones que nos maten el hambre de estar vivos. No estoy enojada con la tranquilidad, simplemente sé que hay un más allá del amor.
El mundo del alma humana es tan grande que se puede ser feliz o infeliz, independientemente de las limitaciones que padece constantemente nuestra libertad… si consigues aprender un estilo de renuncia permanente, acaso de evasión, incluso de sobrevivencia, y te olvidas de los demás. Si dejas de ser responsable por ti, por el futuro de tus hijos, por tus amigos, por los desesperadamente pobres y villanos que engendra la dictadura del Estado sobre el hombre, serás feliz en Cuba. Si renuncias a tu libertad por el temor. Si aceptas la amenaza y te retiras, te refugias, pasarás a engrosar ese mar de pueblo anónimo. ¿De cuántas formas pierde el hombre y la mujer su deseo ingénito a ser libre?
Saldré del útero una vez más… naceré a la vida real.


Lilianne.
No se puede vivir enquistada y aislada de la realidad. No se puede pretender ignorar la infelicidad de los otros.
De hacerlo, perderíamos nuestra humanidad.
No participar en el “Sálvese quien pueda” da algo de felicidad.