Nunca jamás.

Estaban allí de pie, cuatro empleados encargados de la limpieza, para custodiar el baño de la escuela primaria, e impedirme tomar fotos. Pensé pasar de largo pero me provocaron sus miradas de odio. A fin de cuentas, solo estaban custodiando un montón de orines y de excrementos. Y eso fue exactamente lo que les dije: “ustedes me impiden hacerle fotos a los baños de la escuela primaria, no se sienten orgullosos de mostrar esos detalles, se colocan en la puerta. Siendo los trabajadores de servicio no velan porque se mantengan limpios los baños adonde deben ir los niños, durante las 8 horas que permanecen aquí. En vez de limpiarlos hasta que queden impecables, solo tratan esconder los orines y excrementos.”
El día anterior no soporté más la suciedad, la peste, el inodoro tupido de excrementos adonde deben ir los niños en la escuela, y subí a la Dirección a hablar, a buscar la manera de resolverlo. La primera respuesta que encontré fue la cara de la subdirectora como si se enterara, como si se pudiera negar lo que hasta el hedor delata. Tuve que describirle con las mismas palabras de antes, el estado de los baños de la escuela que tiene a su cargo. Después comentó que éramos los padres los encargados, y después intentó echar la culpa a la maestra. Yo le dije que siendo ella la subdirectora, -la Directora ha tenido que delegar funciones por problemas personales- era la encargada de velar por todos los detalles que hacen posible el funcionamiento óptimo de la Institución escolar.
Creo que haber reclamado solución para un problema como el de la higiene de la escuela, no le resta valor a mi reclamo de meses atrás de que mi pequeña hija reciba una educación no ideologizada, y si esto no es posible porque el programa de clases no lo permite, al menos defender mi derecho de madre y el derecho de ella como niña, a no tener que participar de actividades extra docentes con tintes políticos. Pero parece que haber tenido esa conversación hace dos meses con la subdirectora y haberla tenido también con la metodóloga de preescolar, desde el Circulo Infantil, cuando me di cuenta de que además de los símbolos patrios mi pequeña estaba teniendo que proyectar sus afectos inocentes e infantiles sobre la iconografía gubernamental -y a eso le llamó yo comprometer a los infantes con el futuro político de la nación en una etapa en qué solo se debe enseñar valores universales y verdaderamente inmutables- había predispuesto a la subdirectora de la escuela, que intentó faltarme al respeto y negar el problema. No creo haber hecho más que demandar el cumplimiento de nuestros derechos. No los derechos que me deja tener el Estado, sino los que mi condición de ser humano con conciencia, y madre, demanda, porque me pertenecen, y por eso es que fueron proclamados en 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No tienen un valor relativo, ni subjetivo, como dicen aquí. Son universales y garantizan la paz, la seguridad, la justicia. ¡Nos pertenecen y hay que defenderlos, si se nos han arrebatado no podemos renunciar a ellos!
No sé si fue ese antecedente el que hizo que al pedir la solución para el problema de la insalubridad de los baños, la subdirectora de la escuela me mirara con cara de odio. O de que intentara, además, ponerme a fajar con la auxiliar de limpieza y la propia maestra, o sea que agravó el problema en vez de resolverlo. Y al día siguiente, cuando ya tenía la idea de contar también, como parte de mi bitácora, esta experiencia con urgente necesidad de solución -de los baños en el sentido de lograr condiciones que garanticen la seguridad de los infantes, y antes, el de liberar a las conciencias infantiles del gravamen de que, al nacer en Cuba, tienen que seguir cargando la ideología propiciadora de las viejas generaciones, que además de vieja, deforma el pensamiento y el sentido ético de la existencia individual- aparecí por la escuela para hacer las fotos que debían acompañar mi post. Como empecé por contar me fue imposible, los trabajadores de servicio apostados en las puertas no lo permitieron y una de las empleadas llegó a amenazarme. Lo único bueno que conseguí es la esperanza de que ahora que se sienten observados, tal vez limpien los baños y se dignen a reconocer también nuestros derechos respecto a decidir sobre quienes serán los educadores de nuestros hijos y en qué valores serán educados.

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4 respuestas a Nunca jamás.

  1. En verdad Lilianne, te considero, es difícil lidiar en ese régimen que aún hay quienes lo defienden, recuerdo siempre las palabras de un amigo que me dijo al salir de Cuba, “dichoso tú que te haz salvado.” Y a 27 años de haber salido de ese infierno le doy gracias a Dios por haberme librado.

  2. Además de imponerse a la fuerza sin reparar en nada, el castrismo oculta la realidad y la verdad.

  3. reinaldo dijo:

    Lilianne,por algúna razón siento necesidád de escribirte,hay mananas en las que leérte me hace mál,culpable por no podér estár un póco menos lejos para jalarte de los ójos y hacerte vér otros paisájes.Por el moménto nos unen La Habana y Cuba y ya eso vá siendo suficiente.Ahí tienes mis coórdenadas,escribe álgo a mi email y te prométo contesta.Por favór no te canses,espera.

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