A propósito de las conversaciones sobre Derechos Humanos entre el gobierno de los Estados Unidos y el de Cuba….

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El cubano es un pueblo cautivo. La primera evidencia de ello es que el gobierno de la isla no conversa con las voces disidentes sobre derechos humanos. Lo hace con el gobierno norteamericano.

En los 110.860 kilómetros cuadrados de territorio insular, mal conviven dos proyectos o visiones de nación completamente opuestos. Las dos visiones de nación hablan dos lenguajes distintos. Uno, el de ellos, defiende su dominación; y el otro, el nuestro, el derecho a cambiar de manera pacífica, democrática, este estado de cosas tan injusto.

Para el gobierno, cuyo modelo de abasto político es el Socialismo, el lenguaje es el de la intolerancia, los derechos de conquista sobre el cuerpo social. El discurso de soberanía que invoca dicho régimen es incompatible con el respeto a los derechos humanos.

Esa propaganda gubernamental presenta la miseria material como resultado del embargo económico norteamericano. Pero no reconoce que es una aberración política de por sí el hecho de que el Estado se erija en administrador de nuestras necesidades humanas como si se tratara de una dotación de esclavos, una familia infantilizada, una masa de pobres y ciudadanos fallidos que no puede construir libremente su destino, porque no se le reconoce ese derecho por parte del Estado.

Nosotros, como sociedad civil disidente, tenemos una visión diferente de lo que queremos que sea nuestro país. Sin habernos puesto aun de acuerdo, porque somos muy diversos, queremos resolver las cuestiones que nos afectan a nosotros y a nuestros hijos, como la educación, la salud, la cultura, y el papel del Estado, a través del ejercicio de nuestros derechos civiles y políticos; Queremos elegir gobernantes educados que asuman de buen grado sus limitaciones. Deseamos una economía libre, sin injerencia estatal, porque la economía socialista es una condición sin la cual el actual gobierno no podría ejercer su tiranía sobre la sociedad.

Para que nos comprendan mejor podríamos decir que nuestro espíritu se asemeja más a la Declaración de Independencia norteamericana que al marxismo con que intentaron adoctrinarnos en la escuela. Justamente porque el Estado-partido-gobierno cubano se comporta con respecto a la sociedad como en su tiempo lo hacía una metrópoli respecto a las colonias. En su lógica de vencedores y vencidos, que es la lógica de una relación de fuerzas y nunca la lógica de la política, no nos reconocen nuestros derechos y en ese sentido somos una nación cautiva.

Pero no estamos realmente vencidos, porque no existe posibilidad alguna de que vayamos a renunciar a nuestros sueños, que han resistido toda clase de tempestades. Tarde o temprano los sueños encuentran el camino para expresarse y acabar materializándose en el mundo.

Podemos decir que el castrismo es ajeno a nosotros, sordo a nuestros afectos, porque ignora la dimensión espiritual de un anhelo liberalizador. Así que las razones que mueven los cambios políticos en las dictaduras totalitarias no son solamente de índole política sino, sobre todo, espirituales.

En el Foro de Sociedad Civil de la VII Cumbre de Panamá, soportamos los insultos de la presunta sociedad civil de artificio que llevó el gobierno castrista para que defendiera sus intereses de injerencia sobre el cuerpo social e intentara legitimar su dominación presentándola como la más alta forma de humanismo. Nunca olvidaré la oportunidad que estrené en dicho Foro, de responder a esos ridículos ataques, con que intentaban descalificarnos, aunque jamás respondieron a nuestros argumentos, exhibiéndoles un cartel que decía “Democracia es Respeto”.

Aquella sociedad civil artificial, que lanzaba alaridos contra nosotros, en Panamá, se compone de asociaciones registradas con permiso del gobierno o por sus propios empleados.

Mientras el gobierno sea de hecho el administrador de las necesidades, el distribuidor de los beneficios, y pueda tratar a los cubanos como a sujetos de beneficencia, por la imposibilidad de elegir otra alternativa, nuestro calvario se extenderá.

No hay que olvidar que el propósito último del Socialismo es crear un nuevo tipo de ser humano que haya olvidado para siempre todo lo que lo constituye la civilización y dé una nueva interpretación a la historia universal, especialmente al significado de los derechos humanos.

Del Foro en Panamá, recuerdo una oración del discurso del presidente Obama. Él dijo: “Las democracias fuertes no le temen a sus ciudadanos”. Ese es el lenguaje de mi isla cautiva. No el del gobierno, que planteará sofismas a sus interlocutores, como ha pretendido engañarnos durante más de medio siglo.

 

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